MONTAñAS

El paso de unos franceses por Colombia

AUTOR: Robin Pueyo

De todas las ideas que escuchábamos en Francia sobre Colombia, tuvimos el deseo de saber más, ir y ponernos nuestras zapatillas impermeables recién compradas para tener nuestra propia impresión sobre este país. Su gente, su cultura, su actividad en general y por supuesto su gastronomía tenían para nosotros, muchas cosas lindas por compartirnos.

 

Así que decidimos que sería Colombia el país por el cual comenzaría nuestro largo viaje por tierra en América del Sur!

 

Nuestra llegada a Colombia tuvo lugar en la mítica ciudad de Cartagena, un lugar históricamente conocido por haber sido la entrada de los españoles en la época de la colonización y como una ciudad costera del Caribe es muy animada.

 

Con un increíble movido y colorido centro histórico, la ciudad goza de una fuerte atracción turística, pero nosotros ya habíamos decidido quedarnos en una zona más bien regional de la ciudad para tratar de repartir nuestro dinero y vivir una vida local más realista, ni llana ni aséptica.

 

Fue en el barrio Los Alpes donde pusimos nuestras mochilas por primera vez, en el hogar de Charly y Mónica, una pareja de jóvenes colombianos dinámicos y adorables.

 

Pasamos nuestra primera semana acostumbrándonos a un frenético ritmo colombiano. Una salida de nuestra zona de confort, que nos permitió una gran apertura para continuar de nuestro viaje.

 

  • LOS COLOMBIANOS Y SU INEVITABLE CALOR HUMANO

 

Incluso con nuestra mala pronunciación de las palabras en español, los colombianos siempre nos brindaron una cálida bienvenida! Entre el gerente de la tienda del rincón de la calle a quien enseñaba una palabra francesa y sonreía, el vendedor ambulante de arepas o el del famoso «tinto» (café), nos sentimos muy bien desde el momento de la
primera interacción.

 

En encuentros más largos también tuvimos la oportunidad de vivir momentos sublimes, de compartir y de juntar recuerdos inolvidables. Con la idea de crear verdaderos intercambios interculturales, tratamos de compartir algo más profundo con nuestros interlocutores sobre nuestra cultura europea por ejemplo, o cualquier otro tema.

 

Más allá de nuestra propia y enriquecedora experiencia de viaje, queríamos dejarles algo a cambio a los colombianos, expresar nuestro interés, apreciar y participar lo más posible en establecer relaciones de respeto total entre nosotros, viajeros, y la gente local.

 

Con la visión de lograr un viaje equitativo, que gradualmente nos configuramos, tuvimos cuidado de no llevar a cabo en este viaje la forma del turismo masivo, destructivo más que cualquier otra cosa, sino más bien de ser actores de una verdadera relación de intercambio por una distribución de beneficios igual para ambas partes.

 

Debido a la apertura con los otros que se facilita cuando estas viajando, estábamos predispuestos desde el comienzo a encontrarnos con mucha gente dentro de este largo viaje, y los encuentros con los colombianos permanecerán anclados en nuestros corazones.

 

Para ilustrar lo anterior, me refiero a nuestro encuentro con Giovanna y Franckly en Bogotá, a quienes tuvimos la oportunidad de conocer furtivamente durante un trekking en el Páramo de Ocetá.

 

 

Éste encuentro se convirtió finalmente en una semana inolvidable en la capital, graciosamente alojados en una habitación de su departamento en el barrio Chapinero, al ritmo de muchos momentos que pasamos los cuatros juntos.

 

Otro encuentro memorable fue con Isabel, la adorable gerente del albergue Mi Ranchito en Barichara, de generosidad natural y benevolencia impecable.

 

Con Isabel construimos una de esas sencillas pero profundas y sinceras relaciones, condimentada con pequeños pasteles de sorbos de sabajón (leche de cabra fermentada con alcohol) y una suculenta comida que nos ofreció en nuestro último almuerzo juntos, entre otras experiencias.

 

 

Éstas reuniones nunca las olvidaremos y sin duda alguna es lo que todo viajero que lleve sus mochilas a Colombia conocerá: una relación muy cálida con sus habitantes.

 

  • DENTRO DE UNA FASCINANTE DIVERSIDAD NATURAL Y CULTURAL

 

No hay mejor referencia que un libro del famoso Gabriel García Márquez para acompañarte en el descubrimiento de la riqueza de entornos diferentes, la increíble diversidad natural y cultural que representa Colombia.

 

Comenzando con la maravillosa región de La Guajira, el punto más septentrional de tierra árida y salvaje de América Latina, salpicada de caletas de color turquesa y dunas de arena; los habitantes de la comunidad Wayúu son increíblemente buenos, y en la región abunda el pescado fresco en nuestros platos.

 

 

 

No hay de qué perderse… El pequeño pueblo de Barichara también me ha llegado fuertemente al corazón, con su ritmo lento, sus cafés y restaurantes agradables, sus maravillosas caminatas hasta el pueblito de Guané, en un clima cálido y seco, ideal para quedarse, ubicado dentro de la Cordillera Oriental.

 

 

Al mirar hacia atrás se encuentra la hermosa Laguna de Guatavita al norte de Bogotá, llena de historia y quizás también todavía de oro, ya que era un lago sagrado de la indios Muiscas, que lamentablemente se creyó «El Dorado» de los colonos españoles.

 

También al este del país está el Páramo de Ocetá, con un atípico ecosistema húmedo que exhibe sus impresionantes frailejones; el Parque Tayrona en la costa caribeña y sus playas salvajes, su vegetación bien tropical.

 

 

Al Parque de San Agustin y sus misteriosas y antiguas estatuas de mpas de 2.000 años o a esa visita de la Finca de Café Las Acacias en Salento guiada por sus tan cálidos anfitriones… y así sucesivamente. Tantos lugares increíbles, momentos de contemplación y emulación frente a todas estas cosas mágicas.

 

 

Tampoco puede faltar la importancia y la riqueza cultural de las ciudades colombianas como Bogotá, Medellín o Santa Marta, ciudades llenas de colores y a la animación absorbente.

 

 

 

Recuerdo, entre otros, el Museo Nacional, el Botero, Museo de Arte Moderno de Medellín, o el Museo del Oro de Bogotá, con los cuales van a aprender demasiado sobre la gran historia del país y su arte.

 

 

La oferta cultural es tan diversificada que es seguro que van a encontrar algo que les gustará.

 

  • FRUTAS, FRUTAS Y MÁS FRUTAS

 

Siendo la gastronomía nuestro talón de Aquiles, nuestra experiencia colombiana no hubiera estado completa sin degustar las diferentes comidas típicas.

 

Desde nuestros primeros pasos en Cartagena, hasta nuestra salida del país en la frontera de Ipiales en el sur, descubrimos una multitud de sorprendentes y a menudo deliciosas peculiaridades.

 

La más llamativa fue sin duda la abundancia de frutas exquisitas en cualquier rincón del país! Debido a su clima tropical, la fruta crece allí como por arte de magia. Papaya, mango, plátano, maracuyá, piña, guanábana, chirimoya y otros cuyos nombres ya no recuerdo han deleitado nuestras papilas gustativas sin interrupciones.

 

Jugo o ensalada de frutas llamadas «salpicón» comprados a vendedores ambulantes simpáticos y preparados en el momento, eran cada vez, momentos de puro placer al saborear estos azúcares naturales de frutas llenas de sabor inolvidable, que crecen de forma natural.

 

Pero también probamos especialidades saladas como arepas con queso, papas rellenas, perros calientes, tamales (harina de maíz rellena con guiso de carne o pollo y cocinado envuelto en hojas de plátano), que también han sido una gran parte de nuestra dieta.

 

También nos gustó mucho uno de estos almuerzos muy abundantes que consiste en arroz, lentejas, plátano frito con pollo a la plancha, a veces con arepas, y sólo por la suma de $7.000 pesos colombianos! Una verdadera delicia.

 

Después de todos estos descubrimientos y luego de casi dos meses de viaje, es en Bogotá que decidimos ir a un buen restaurante. Confiamos totalmente en nuestros amigos Giovanna y Franckly, que nos recomendaron e hicieron descubrir el restaurante Mini-Mal en el barrio Chapinero.

 

No me alcanzan las palabras para describirlo: una maravilla gastronómica. Nos han encantado los platos creados a medida, sólo con productos colombianos frescos, un servicio extremadamente bueno en un lugar con diseño auténtico. En otras palabras, una experiencia de sabor inaudita.

 

Es con una gran emoción que recuerdo todas estas pequeñas cosas que hicieron que nuestro viaje, a través de este país, fuera fabuloso y la experiencia formidable.

 

Sólo podría recomendarles que pongan en su lista de viajes Colombia, de lo contrario se perderían la ocasión de vivir una cálida y gloriosa experiencia con humildad, colores brillantes y llena de sonrisas. Algo mágico.

 

Robin Pueyo

Robin Pueyo

Viviendo en el sur de Francia en Toulouse desde niño, trabajo en comunicación de organizaciones y soy un gran entusiasta del descubrimiento de nuestro hermoso planeta y de todas aquellas personas que lo habitan.

Instagram: @robinpgrs

Poco a poco mi visión general se está moviendo hacia el deseo de crear, trabajar a mi manera para un mundo más justo, respetuoso y tolerante. Es hoy lo que alimenta cada vez más mis acciones y me motiva a participar para recrear el sentido, para llevar mi piedra al edificio de un cierto tipo de educación, de enriquecimiento colaborativo a través de mi práctica de la fotografía y de mi trabajo como comunicador responsable.

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