MONTAñAS

El Hoyo del Aire, Santander

AUTOR: Andrés Felipe Barrios Navarro

Nuestro país siempre nos sorprende con maravillas naturales únicas, que albergan los más grandes misterios. Una de estas maravillas desconocidas e inexploradas por muchos es el Hoyo del Aire en el departamento de Santander.

 

 

Para llegar es necesario ir hasta el municipio de La Paz, ubicado en la provincia de Vélez. El recorrido inicia desde Bogotá, se tarda aproximadamente 6 horas en llegar a este pueblo del departamento de Santander y existen dos vías posibles, una por Tunja y otra por Chiquinquirá.

 

Sea cual sea el camino que escojas vas a llegar al municipio de Barbosa, y allí sabrás que llegaste a la puerta de oro de Santander cuando veas el imponente río Suarez, el cual es el límite entre las tierras santandereanas y el departamento de Boyacá.

 

 

Desde Barbosa se llega a Vélez en un recorrido de aproximadamente 30 minutos, esta población a lo lejos la puedes divisar sobre la cordillera.

 

 

Vélez es la capital folclórica de Colombia y cuna del famoso bocadillo veleño. Algo realmente fantástico es sentir durante el recorrido el olor a jalea que sale de las fábricas de bocadillos que quedan a uno y otro lado de la vía.

 

 

En Vélez todo gira en torno a la guayaba y no solo para la producción de bocadillos sino que también es inspiración de coplas, guabinas y torbellinos, hasta de su iglesia atravesada frente al Parque Nacional del Folclor y que es el punto de encuentro durante el Festival Nacional de la guabina y el tiple.

 

 

 

Después de un pequeño recorrido por las calles de Vélez, a media cuadra del parque principal se toma el transporte para los pueblos de Chipatá y La Paz.

 

 

 

El viaje hasta La Paz dura entre 1 hora y media y 2 horas, todo depende del estado de la vía, pues si bien existen tramos pavimentados algunos están totalmente destapados en su mayoría por fallas geológicas que han afectado el avance de las obras.

 

 

Durante el recorrido se puedes ver una gran valla que da la bienvenida al municipio de Chipatá, en este lugar conocido como loma Agatá se encuentra el monumento de la fe una gran cruz de piedra que simboliza y rememora el sitio donde cuentan se ofició la primera misa de los Andes en el año de 1537 por parte de Fray Domingo de las Casas.

 

 

Una vez en el municipio de La Paz, el recorrido para llegar al Hoyo del Aire se puede iniciar desde la entrada a la vereda El Tigre, que queda sobre la vía principal o desde el sector conocido como La Loma.

 

 

Yo inicie mi recorrido desde La Loma tomando un camino de vereda, la caminata dura alrededor de una hora, afortunadamente no se necesita de guía ya que este camino lleva directamente al Hoyo del Aire.

 

 

Igualmente se puede preguntar a cualquier campesino de la zona, ellos amablemente dan las indicaciones necesarias para llegar.

 

 

En medio de cultivos de caña de azúcar, trapiches y guayabos se puede apreciar un paisaje verde con un aroma especial que describiría como «olor a campo».

 

 

En el camino es posible encontrarse con una pequeña tienda en la cual se puede descansar un momento antes de continuar el recorrido.

 

 

Al llegar a la entrada del hoyo del aire existe un aviso rustico que dice «Bienvenidos al Hoyo del Aire».

 

 

Desde allí hasta bajar al sitio más próximo al hoyo se debe caminar por la parte de arriba pero debido a la gran cantidad de arbustos, árboles y maleza desde ese lugar no es posible divisar claramente el hoyo, sin embargo, si te asomas en medio de los arbustos se puede apreciar una gran pared de piedra en el fondo.

 

 

El descenso se inicia por un pequeño camino que ha sido adecuado por campesinos para las personas que visitan el lugar, por lo menos 5 minutos y al llegar al borde del hoyo, sobre la gran roca es imposible no quedar estupefacto ante la grandeza de esta maravilla natural.

 

 

Es un hoyo colosal tanto en tamaño como en profundidad, tiene cerca de 150 metros de diámetro, 180 metros de profundidad en su parte más baja y 200 metros de profundidad en su parte más alta.

 

 

Asomarse desde la gran roca es definitivamente para alguien que no sufra de vértigo ni tenga miedo a la alturas, pues el vacío que produce mirar al fondo es inmenso.

 

 

Para ver el fondo se hace necesario tirarse boca abajo, asomarse al vacío, al principio tímidamente por el miedo que produce, pero después simplemente para admirar que su fondo está cubierto de una exuberante vegetación.

 

 

También se pueden ver periquitos volando y a los gallinazos o chulos que hacen en las paredes del hoyo nidos seguros para sus polluelos.

 

Después de la gran roca, se puede seguir bajando uno metros más hasta un pequeño espacio que permite ver mucho mejor la inmensidad del hoyo, al lado una pequeña caseta que ya había visto desde la parte de arriba se encuentra abandonada y que se construyó con el fin de instalar una especie de ascensor con dos canastillas para bajar al fondo del hoyo.

 

 

Sin embargo, el ascensor solo funciono una vez y no se volvió utilizar por lo rudimentario de su construcción y por el peligro que representaba subirse en alguna de sus canastillas que actualmente se encuentran literalmente colgando sobre el vacío, solo se escucha el rechinar de la canastilla oxidada.

 

 

El silencio al lado del hoyo es total, así que después de recolectar algunas piedras las tire al vacío, puedo decir que es realmente hondo pues se demora algunos segundos entre el momento que lance la piedra y cuando cae, pues al caer se escucha un eco inmenso por todo el hoyo.

 

 

Mucha curiosidad me ha despertado esta maravilla natural, que aún no ha sido aprovechada ni adecuada para la visita de viajeros. Realizando algunas indagaciones en Youtube se encuentran vídeos de deportistas que han descendido haciendo rapel y algunos datos interesantes, como que la primera persona que descendió fue un cura en el año de 1851.

 

 

Este hoyo es el segundo más profundo del mundo en su tipo (el primero está en México), frente a su formación existen distintas versiones como la de un meteorito que choco y formo un gran cráter. La versión que más validez tiene es que el hoyo es vestigio de alguna cueva submarina cuando aún el mar cubría el territorio de lo que hoy es Santander.

 

 

Esta maravilla natural se constituye en un lugar digno de conocer y de admirar, causa gran impresión pero al mismo tiempo una fascinación enorme por la rareza de su formación y aún más por saber que hay en el fondo.

 

 

Lo que han manifestado las personas que han descendido es que esta la entrada a una gran cueva, en la cual habitan guacharos (aves) y corre una quebrada o riachuelo que hasta el momento no se sabe dónde termina, pues aún no se ha hecho una exploración a fondo.

 

Así es el Hoyo del Aire, majestuoso, imponente y fascinante.

 

Andrés Felipe Barrios Navarro

Andrés Felipe Barrios Navarro

Soy profesional en Gobierno y Gerencia Publica, de Bogotá, me gustan los cielos azules, los paisajes verdes y el olor del mar.

No viajo sin saber antes la historia del lugar al cual voy, por eso con mis fotos y pasos quiero contar historias. En mi corazón siempre están Monguí, Guaduas y Honda, amo el río Magdalena y Cartagena de Indias, sin el río y sin las murallas otra historia se hubiera escrito.

Instagram @andres.f.navarro