CARIBE

Entre manglares y el amor

AUTOR: Silvia Corredor

La Isla de Barú es otro de los rinconcitos que se encuentran a orillas del mar Caribe y desde el que se puede apreciar los mejores atardeceres.

 

Para llegar allí, hace algún tiempo, se tomaba una lancha en las playas de Cartagena que tardaba aproximadamente una hora. También se podía hacer un recorrido terrestre hasta llegar a Pasacaballos donde un gran Ferry atravesaba el Canal de Dique, llevando a cuestas grandes y pequeños carros hasta la Isla.

 

 

El ferry desapareció gracias a la construcción del Puente de Barú que desde hace tres años disminuye el tiempo en que visitantes o residentes de la zona llegan a su destino. Este puente conecta las comunidades de Santa Ana, Ararca y Barú en las que las casitas de colores que se encuentran al costado de la carretera dan un toque colorido al recorrido.

 

 

Tras 45 minutos de viaje, se arriba a este paraíso caribeño en el que se pueden encontrar sinnúmero de actividades por hacer dependiendo del espíritu aventurero del visitante. Uno de los planes menos conocidos y más custodiado por los nativos de la zona es El Manglar «El Amor», el cual han adecuado por más de diez años.

 

 

Para llegar a este mágico lugar, se debe tomar una moto acuática a orillas de la playa de Barú, las cuales son ofrecidas por los nativos. El recorrido dura 30 minutos y en él se puede apreciar una variedad de colores en el mar y algunas propiedades privadas de personas influyentes del país.

 

 

Encontrar la entrada al manglar no es sencillo porque los nativos se han encargado de camuflarlo para que éste se mantenga. Entrar allí es como descubrir un nuevo mundo en el que la naturaleza, la tranquilidad y el canto de algunas aves como las mariamultas, se mezclan para crear un ambiente perfecto. Según la historia que cuentan los habitantes de la zona, este manglar recibió este nombre por ser el lugar ideal para mantener un amorío.

 

Silvia Corredor

Silvia Corredor

Periodista y antropóloga en formación.