MONTAñAS

La Cresta del Gallo y el Páramo de Fandiño

AUTOR: Julián Barrera Jiménez

 

¿No le ha pasado que se siente en paz cuando está rodeado de naturaleza y con un paisaje majestuoso? Si la respuesta es un sí, de seguro este es un destino que lo va a disfrutar en todos los sentidos.

 

Prepare su cámara, unas buenas botas y váyase muy bien abrigado porque lo que le espera es mucho frío.

 

La Cresta del Gallo se encuentra en Peña Blanca, un pequeño municipio de Santander el cual está ubicado en la punta de este departamento que entra a Boyacá. Es un pueblo un poco olvidado por su difícil acceso desde Puente Nacional, el pueblo más cercano de Santander, a 32 km aproximadamente.

 

Mi aventura comienza con un grupo de amigos desde Santa Sofía, Boyacá. Desde ahí, el trayecto es aproximadamente de 40 minutos en carro en compañía mucha naturaleza y un frío penetrante.

 

 

Al llegar a Peña Blanca se debe preguntar por algún campesino que los guíe para ir a La Cresta, no se debe ir solo a menos que ya conozca el camino. En mi caso,  nuestro guía de aventura fue Don Humberto, un campesino local que lleva subiendo a La Cresta desde que era muy pequeño.

 

El recorrido comienza desde el momento en que se sale del pueblo, a pie, en dirección hacia el cerro. Con mucha niebla y lluvia, pero cada vez más inmersos en la naturaleza, el recorrido se disfruta gracias a la gran cantidad de vegetación y la paz del lugar. Para subir a La Cresta se pasa por trochas, piedras resbalosas y caminos que confunden si no se conoce.

 

Aproximadamente a 75 minutos de subida, se llega a La Cresta, donde se percibe una formación rocosa delgada la cual da la impresión de una pared de piedra.

 

Esto es lo que se conoce como La Cresta del Gallo. Desde este punto, en un día despejado, Don Humberto cuenta que se pueden percibir por lo menos cuatro pueblos de Santander al horizonte.

 

Si usted es aventurero, no le teme a la altura y quiere disfrutar de una vista inimaginable puede caminar por ella y encontrarse con un reto que puede hacerlo temblar.

 

Sí se atrevió a caminar sobre ella y pudo vencer las fuertes corrientes de viento siga hasta el final y disfrute de la vista. ¿Quiere un poco más de adrenalina? Hay un reto local, que yo no fui capaz de hacer, el cual consiste en hacer un salto de fe.

 

 

Usted se debe parar en el borde de la cresta, saltar un barranco de por lo menos 25 metros y caer en la Piedra de la Fe, una piedra pequeña, inclinada y de forma triangular.

 

Después de haber hecho que su corazón palpitara un poco más fuerte, siga subiendo y se encontrará con dos casas abandonadas en la punta de la montaña. Es ahí donde se comienza a entrar en el ecosistema de páramo: húmedo, lluvioso y frío. Póngase su gorro y disfrute de un trozo de panela para seguir el camino hacia el Páramo de Fandiño.

 

Después de una caminata de 15 minutos por caminos lodosos, se llega al Páramo de Fandiño en el cuál se puede apreciar una gran cantidad de Frailejones, planta tradicional de páramo y vital para la producción de agua. Tenga cuidado donde pisa porque hay demasiados frailejones en nacimiento y no queremos dañar el ecosistema de este paraíso.

 

El camino de vuelta es el mismo de ida, tenga precaución con la bajada, disfrute del paisaje, de las flores y animales, y no olvide siempre respetar la naturaleza porque ella es la que nos da vida.

 

 

Julián Barrera Jiménez

Julián Barrera Jiménez

Antropólogo y Periodista en formación. Reconocer como filosofía de vida, la fotografía como método.

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